miércoles, 9 de abril de 2014

Jon Marián Cabezas


Jon tiene 22 años estudia Ciencias de la Actividad Física y el Deporte.

Destaca por sus valores humanos, sus capacidades físicas y por su compañerismo. Jon es de esa clase de personas que nace siendo socorrista y se hace profesional. Pertenece a la primera promoción de 2014 y voluntariamente ha querido dar su opinión sobre nuestros cursos.

LOS VALORES, NO TIENEN PRECIO

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay hombres  que luchan toda la vida… Esos son los imprescindibles”
Bertold Brecht

¿Quién pensaría a mediados del siglo pasado, que esta frase de un poeta alemán tendría relación directa con la vida del socorrista? Nadie… Sin embargo, cuanta razón tiene si pensamos en la labor de estos profesionales de la salud. Una labor ligada a la colaboración y al auxilio permanente; aunque de ello dependa la vida misma…

 Desde el punto de vista laboral, el trabajo de todos los socorristas acuáticos, tiende a prevenir, cuidar y salvar la vida de personas que no conocemos. ¿Qué fuerza interna conduce a este comportamiento altruista, que busca hacer el bien en los demás, aún a costa de nuestro propio provecho?

¿Es heroísmo?
¿Valentía?
No.
Es algo superior.
Es formación en valores…

No cualquiera puede ser socorrista; y ser capaz de salvar vidas y arriesgar la propia. Mucho tiene que ver con la educación que hemos recibido. La humildad, el respeto, la responsabilidad, el compromiso, la solidaridad, la confianza y el amor por la profesión forman parte de muchos de los valores, que todo socorrista necesita para desempeñarse diariamente.

De nada sirve tener un Mark Spitz, un Ian Thorpe o un Michael Phelps; si esta persona no tiene la humildad necesaria para aprender cada día algo nuevo. O carece de la responsabilidad mínima para cumplir con su horario correspondiente. O no presenta la confianza que se necesita para llevar adelante una maniobra de RCP en una parada cardíaca.


Junto a esta formación de base, estarán los instructores y educadores. Aquellos líderes que eligen enseñar y transmitir sus conocimientos y vivencias; para que “la profesión continúe con vida”… Pero ellos, deben tener la obligación moral de capacitarse en forma permanente; y de transferir estos valores tan necesarios para nuestra tarea.

El conocimiento es exógeno y está al alcance de todos.
¿Alcanza sólo esto para la vida?
No…
Los valores son los pilares con los cuales se forja una persona desde temprana edad y sirven (entre otras cosas) para elegir un comportamiento en lugar del otro.

Como dijimos al principio: “Los valores, no tienen precio”. Porque son lo “más preciado” que puede tener el ser humano. Entonces, se convierten en invaluables…, al igual que la vida de las personas que en el socorrismo se salvan.

MARTÍN JAVIER DEL GAISO


Guardavidas. Periodista. Maestro y Profesor Nacional de Educación Física. Licenciado en Motricidad Humana y Deportes de la Universidad Abierta Interamericana. Master en Gestión y Dirección Deportiva (Málaga, España). 20 años Guardavidas de San Bernardo (Municipalidad de La Costa, Buenos Aires, Argentina).  Socorrista Acuático de la Creu Roja de Catalunya Temporada 2003. Docente terciario y universitario. Director del PUASS (Programa Universitario en Actividades Acuática y Socorrismo). Director de la Diplomatura en Instructorado en Salvamento Acuático, Rescate y RCP de la Universidad Abierta Interamericana. Docente Visitante 2010 de la Universidad de La Coruña (España). Miembro del Grupo de Investigación en Actividades Acuáticas y Socorrismo (G.I.A.A.S) de la Universidad de La Coruña. Docente de las Cátedras Natación y Salvamento Acuático y Socorrismo Básico del Profesorado Universitario de la UAI (Sede Ituzaingó). Organizador de 7 Congresos Internacionales dedicados al salvamento acuático y socorrismo en Buenos Aires, Argentina. Disertante nacional e internacional en jornadas, seminarios y congresos relacionados con el salvamento acuático. Autor de varios artículos y publicaciones relacionados con este tema.

Actitudes profesionales y valores humanos

Desde hace mucho tiempo llevo insistiendo en que la formación y la preparación del socorrista acuático, como profesional especialista, se puede resumir en 4 aspectos (Palacios, 1998, 2003, 2008):

  • Dominio del medio acuático (no sólo nadar), que debe ser la primera de todas sus capacidades y habilidades, puesto que sin dominar el medio en el que trabaja difícilmente podrá cumplir gran parte de sus responsabilidades.
  • Tener una preparación física idónea, contando con niveles adecuados de fuerza, resistencia, coordinación y velocidad, en el medio acuático y fuera de él. La realidad de un rescate implica la necesidad de un determinado grado de fuerza, de una adecuada velocidad de ejecución, de un buen nivel de coordinación para la aplicación de técnicas específicas y de un determinado índice de resistencia orgánica.
  • Poseer conocimientos teórico-prácticos acerca de técnicas, métodos, materiales, instalaciones y organización relacionados con el socorrismo, con la idea de que es el conocimiento el que capacita para intervenir en cualquier ámbito y mucho más en uno relacionado con la seguridad y la emergencia.
  • Poseer valores humanos y actitudes profesionales imprescindibles en socorrismo, que personalmente me empeño en resumirlos en dos: Respeto (por la vida, por las personas) y Responsabilidad (en el trabajo, en la vida).
En esta formación y preparación del socorrista acuático profesional la base deben ser sus valores humanos y sus actitudes profesionales, puesto que con ellas puede conseguir el resto de aspectos que le permitirán ser un buen socorrista y un buen profesional.
 

Cualquier persona puede ser socorrista acuático y demostrar, incluso, su capacidad para serlo, pero no todas las personas poseen la calidad humana y profesional necesaria para llevar adecuadamente el trabajo que le corresponde. De poco o nada sirven las capacidades y habilidades físicas, la preparación física y los conocimientos que posee una persona, si sus valores humanos o profesionales le fallan. No puede ser de otra forma en un trabajo relacionado con la vida de las personas.


Por este motivo, en todas las actividades formativas en las que participa el Grupo de Investigación en Actividades Acuáticas y Socorrismo, que coordino en la Universidad de A Coruña (congresos, cursos, jornadas, seminarios), insistimos en lo que consideramos la pieza angular del socorrismo: los valores humanos y las actitudes profesionales.

En muchas ocasiones presentamos imágenes obtenidas en situaciones reales sobre lo que NO debe hacerse cuando alguien está cumpliendo con un trabajo en el que la VIDA es el “leitmotiv”, el sentido central de todo lo que se hace. Son imágenes vergonzosas, en las que se pueden ver a socorristas tumbados tomando el sol o durmiendo tranquilamente; o jugando al fútbol, al golf, al voleibol, a las palas o a las cartas; o hablando con personas ajenas al servicio descuidando su trabajo (en ocasiones, claramente intentando ligar); o vendiendo productos como bañadores a usuarios del entorno; o preparando un churrasco o asado; o leyendo libros, periódicos, revistas o los apuntes para un examen; o consultando el teléfono móvil; o tocando la guitarra; o en muchas otras acciones impropias de profesionales que deben prevenir y vigilar sobre todo.

 

Cuando presentamos estas imágenes, demasiadas por desgracia, comprobamos que son muchas las personas que se quedan impresionadas y casi todas “avergonzadas” por el comportamiento de los que llevan sin pudor la camiseta de socorristas y dicen ser socorristas. También solemos comprobar miradas de extrañeza y desconfianza, como si no supieran bien dónde se están metiendo. Y en muchas personas vemos miradas decididas, miradas de comprensión total acerca de lo que les mostramos y explicamos, miradas que nos comunican que están decididos a ponerse del bando de los auténticos socorristas profesionales, de aquéllos que van a entender bien la trascendencia de su trabajo, de los que están dispuestos a pasar frío o calor, de los que ya al comienzo tienen claro que quieren ser socorristas por el principal motivo de serlo: AYUDAR A LOS DEMÁS con sus conocimientos y su preparación.


Para los que vemos que no están muy convencidos en esta primera presentación, solemos decirles directamente: “Si todavía alguien tiene dudas, que intente imaginar que la persona que necesita de esta ayuda es ella misma o su familiar más querido, seguro que así ya no hay dudas”.


Hay una frase del Premio Nobel de literatura en 1915, el escritor francés Romain Rollad (1866-1944) que solemos utilizar: “Basta un instante para hacer un héroe, y una vida entera para hacer un hombre”. Y comentamos a continuación que nosotros no queremos formar a héroes, y mucho menos a héroes que arriesguen su vida y lleguen a morir. Para hacerlo nos bastaría un instante. Nosotros queremos formar a profesionales, a hombres o mujeres que tengan  una vida entera para demostrar que hacen bien su trabajo.


Y para conseguirlo necesitamos un tiempo amplio en el que ellos participen al máximo, de tal forma que en el proceso de enseñanza-aprendizaje lleguen a consolidar una base sólida de valores humanos y actitudes profesionales, que les estimularán para llegar a ser buenos socorristas acuáticos dominando el medio acuático, teniendo una condición física idónea y adquiriendo los conocimientos necesarios para intervenir con eficacia en situaciones de emergencia.

Los valores humanos y las actitudes profesionales que van a precisar son fáciles de entender y a todos nos gustaría ser tratados cumpliendo lo que significan: altruismo, apoyo, ayuda, compromiso, cooperación, dignidad, entrega, fraternidad, honestidad, honradez, humanidad, integridad, justicia, lealtad, protección, prudencia, seguridad, servicio, solidaridad, voluntariedad. Es muy sencillo, porque todos estos valores y actitudes se pueden englobar en dos: RESPETO y RESPONSABILIDAD.

Respeto por la vida, respeto por las personas. Responsabilidad en el trabajo, responsabilidad en la vida.

Es, quizá, lo más positivo de mi trabajo, el esfuerzo por comunicar que somos útiles, que podemos ser buenos profesionales del socorrismo y que gracias a nuestro trabajo podremos prevenir muchísimos incidentes y situaciones de emergencia en el medio acuático y, en algunas ocasiones, muy pocas, salvar la vida de alguien.

Yo, particularmente, siempre me he empeñado, me empeño y me seguiré empeñando en transmitir lo difícil que es ser un buen socorrista y lo fácil que es caer en los errores de siempre, en los fallos que tantas veces hemos visto y fotografiado durante el horario de trabajo. Errores y fallos que he comentado anteriormente. Y siempre comento y comentaré que estoy harto de comprobar que los socorristas que tienen motivos única y puramente económicos, mercantiles y materiales suelen ser los que más caen en estos errores y fallos.

En fin, que debemos seguir poniendo toda nuestra fuerza y todo nuestro entusiasmo en animar a los que trabajan en socorrismo hacia los valores humanos y las actitudes profesionales. Debemos ser capaces de hacerles entender que su trabajo es un servicio a los demás, sabiendo que cuando menos se espera alguien te necesita al cien por cien y de ti depende el salvar la vida de una persona.

El gran escritor portugués y premio Nobel José Saramago en uno de sus libros menos conocidos (Claraboya), dejó escrito lo siguiente: “Aprendí que, tras esta vida desgraciada que los hombres llevan, hay un gran ideal, una gran esperanza. Aprendí que la vida de cada uno de nosotros debe estar orientada por esa esperanza y por ese ideal… La experiencia sólo vale cuando es útil a otros.”


Así es y yo suelo decir a mis alumnos que ninguno de ellos elegiría una medalla o un récord deportivo antes que la posibilidad de salvar una vida.Se piensa de forma generalizada, sin analizar si es acertado o no, que a las personas las mueve más fácilmente motivos puramente económicos, mercantiles y materiales; mientras que motivos sociales y éticos suelen olvidarse o relegarse a un segundo plano. Y no es cierto, tal y como defiende Eduardo Punset (XL Semanal, 27 de julio de 2008), al citar un experimento que tiene relación con lo que suele mover más y mejor a las personas:


“Les dieron a tres grupos de personas un encargo para que jugaran con el ordenador. Lo que tenían que hacer era meter un circulito en un cuadrado haciéndolo pasar por un sitio un poco difícil. Al primer grupo se le pagaba muy bien por hacerlo, al segundo grupo se le pagaba mal y al tercero no se le pagaba nada, pero se le decía que aquello tenía una importancia social y ética enorme porque de ello dependía la curación de gente que no conocían. En el grupo bien pagado hubo un porcentaje de aciertos del 70 por ciento, en el mal pagado el porcentaje fue del 40 y en el último grupo, al que no se le pagaba nada, pero que conocía la importancia ética o social del asunto, el acierto superaba el 95 por ciento. Así que ahora sabemos que no somos tan malos como parecemos.”

Cada día tengo más claro que la mejor cadena de supervivencia es la formación como educadores que hemos recibimos y que podemos transmitir a otros y así sucesivamente. Con ello se salvarán muchas vidas.


Todos deberíamos ser conscientes de que las labores de educar, enseñar, transmitir, concienciar son fundamentales porque con ellas estamos previniendo, y con la prevención estamos salvando vidas.


En esto consiste el auténtico socorrismo. De esto trata la vocación y la satisfacción que produce hacer bien el trabajo en socorrismo.

Valores humanos y actitudes profesionales, es así de sencillo.

Dr. José Palacios Aguilar





Doctor en Educación Física (Universidad de A Coruña, 1999). Licenciado en Educación Física (Universidad Politécnica de Madrid, 1987). Primer Premio Nacional de Terminación de Estudios (Ministerio de Educación y Ciencia, 15 de junio de 1988). Coordinador del Grupo de Investigación en "Actividades Acuáticas y Socorrismo". Departamento de Educación Física y Deportiva - Universidad de A Coruña. Profesor de las asignaturas “Actividades Acuáticas Saludables y Socorrismo” y “Juegos y Recreación Deportiva” en la Facultad de Ciencias del Deporte y la Educación Física – Universidad de A Coruña, desde el curso 1988/89 hasta la actualidad. Experto formativo en el Instituto Nacional de las Cualificaciones del Ministerio de Educación de España para la elaboración de las cualificaciones profesionales de socorrismo. Experto formativo/tecnológico en el Servicio Público de Empleo Estatal del Ministerio de Trabajo de España para la elaboración de los certificados de profesionalidad de socorrismo. Vicepresidente 1º de ADEAC-FEE (Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor - Fundación de Educación Ambiental), responsable en España de la Campaña Bandera Azul, desde junio de 2007 hasta la actualidad. Miembro del Jurado Nacional de “Playas y Puertos Bandera Azul” en España. Desde 1997 hasta la actualidad. Profesor en Programas de Doctorado y Postgrado, Cursos, Seminarios y Jornadas en centros universitarios de Argentina, España, Chile, México y Portugal. Autor de libros (29), capítulos de libros (30), monografías (20) y artículos (80) sobre actividades acuáticas, salvamento, socorrismo, protección civil y juegos.

A pesar de este magnífico Curriculun Vitae a Pepe como a Luís Miguel los podemos definir como Socorristas Acuáticos de forma altruista y vocacional.

¿Qué hace un Socorrista?

Más frecuentemente de lo que sería normal o deseable, recibimos consultas de Socorristas acerca de sus cometidos en una piscina.

Las consultas, además, casi siempre giran sobre el mismo concepto: ¿Tiene el Socorrista que hacer otros cometidos distintos de los que tiene asignado como Socorrista Profesional?. La casuística es muy variada: pasar el limpia fondos; controlar los parámetros del agua; limpiar vestuarios y aseos; hacer de camarero, taquillero, etc, y casi siempre con la misma premisa: “Como el Socorrista no hace nada, entonces que haga...”.

Únicamente para enmarcar claramente cuáles son los cometidos de un Socorrista en una instalación acuática, vayamos a la definición que el INCUAL hace de sus competencias profesionales:

 Competencia general
- Velar por la seguridad de los usuarios de piscinas e instalaciones acuáticas, previniendo situaciones potencialmente peligrosas e interviniendo de forma eficaz ante un accidente o situación de emergencia.
Unidades de competencia
- Prevenir accidentes o situaciones de emergencia en instalaciones acuáticas, velando por la seguridad de los usuarios.
- Asistir como primer interviniente en caso de accidente o situación de emergencia.
- Ejecutar técnicas específicas de natación con eficacia y seguridad
- Rescatar personas en caso de accidente o situación de emergencia que se produzca en el medio acuático.

¿A estas alturas hace falta seguir insistiendo en cuáles son los cometidos que debe o no realizar un Socorrista?. Podemos entender que muchos empresarios y usuarios sigan pensando que el Socorrista es una exigencia normativa y por tanto intenten aprovechar al máximo a un empleado o Socorrista que aparentemente “no hace nada” encomendándole o dando por sentado que tiene que hacer otras tareas, y somos conscientes de que la gran mayoría de los Socorristas las hacen en mayor o menor medida. Pero ¿han de hacerlas? Y sobre todo ¿han de hacerlas durante el tiempo en que la piscina está abierta al público?. ¿En qué medida?.

Además hay otro aspecto importante que se descuida más a menudo de lo que parece y es que tanto los empresarios como los usuarios no exigen, ni a menudo se quejan, y es cuando un Socorrista es descuidado o negligente en sus tareas, lee o escucha música con usuarios en el agua; utiliza el móvil; charla dando la espalda al vaso; “vigila” desde el bar o simplemente no se comporta diligentemente como cualquier empleado debe hacerlo en su trabajo. Si los Socorristas estamos exigiendo respeto a nuestro trabajo, somos los primeros que debemos comportarnos responsablemente.

Como nos insisten los Asesores Jurídicos, la clave estará en la interpretación que un juez hará en caso de cualquier reclamación: ¿Esas tareas entraban en conflicto con los cometidos normalmente admitidos, como son la prevención, vigilancia y actuación?. ¿Se estaban realizando esas tareas al mismo tiempo y por tanto interfería con la vigilancia?. ¿De quién será la responsabilidad si ocurre un incidente?. ¿Estaba el Socorrista realizando su tarea con competencia y responsabilidad?. ¿La empresa tenía un sistema de supervisión adecuado cuidado de que todo lo necesario estuviese en orden, incluida la organización de los cometidos del Socorrista?.

Lo fácil dejar las cosas como están, incluso aunque estén mal, porque "como nunca pasa nada....". Pero en Socorrismo, cuando pasa algo hay vidas en juego: la vida de la víctima, que puede perderla en un ahogamiento y la de su familia y allegados que verán lastradas sus existencias; la vida del Socorrista, que aún actuando de forma impecable a buen seguro le traerá secuelas si la víctima sufre daño; la del empresario, que tendrá que asumir las consecuencias de un ahogamiento en su instalación, aunque no sea punible. En definitiva, la responsabilidad y el daño se pueden extender como una mancha en el agua afectando a muchas personas.

La responsabilidad y seriedad profesional de un Socorrista que trabaja profesionalmente, aunque sea temporalmente, y la de las empresas que los contratan, pasa inevitablemente por un cambio de mentalidad. El "nunca pasa nada" tiene que sustituirse por el "si pasa algo estoy preparado". Sólo así podremos abordar con eficacia nuestra labor y merecer el respeto y el reconocimiento que ahora, por desgracia, no se nos otorga.

Luis Miguel Pascual
Director Técnico Docente
Tel: 921 43 54 07 - 644.056.686

D. Luís Miguel Pascual Gómez



D. Luís Miguel Pascual Gómez de forma altruista y vocacional es Socorrista Acuático y Profesor en Salvamento y Natación. Director Técnico de la Escuela Segoviana de Socorrismo. Colabora con diversas organizaciones nacionales e internacionales para la Educación y la Prevención de Ahogamientos, campo en el que está considerado un experto de ámbito internacional y en el que participa con frecuencia como autor y ponente en Congresos y reuniones de expertos internacionales.

Es poco conocido que fue la Escuela Segoviana de Socorrismo quien organizó en España el primer Congreso de Socorrismo en 1997, Congreso que supuso el despegue de los eventos congresuales del Socorrismo en España, y que Luís Miguel Pascual fue de las personas  más involucradas gracias a su tesón y trabajo.

En la edición de 2004 decidieron que era necesario revisarlas porque los tiempos -y las personas- cambian, dando el testigo en la organización al Congreso Gallego de 2005.